(Mucho más que) un muchacho de barrio

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Sube el volumen sólo cuando suenan Los Redondos o La Mona Jiménez. Levanta la voz únicamente mientras habla de su familia o del deporte que ama. No se ruboriza al decir, con una modestia que incomoda, que lo suyo es puro sacrificio. Tampoco se sonroja al reconocer, en público y a los cuatro vientos, que acarrea una herida en el corazón que de a ratos lo maniata. Juega e invita a jugar un juego cuyas reglas son por demás simples: los honestos, de su lado y los demás, en la vereda de enfrente.
Aunque se llama Juan Martín y con la guinda vive un romance de novela, su apellido no es Hernández. Más allá de que, cada vez que sale de una cancha, lo rodee una multitud de niños para pedirle una foto o un autógrafo, su nombre no se relaciona con el del rugbier carilindo y exitoso. Y si bien sabe de fútbol tanto o más que aquel, no lleva la 10 de Los Pumas en la espalda. Este Juan Martín, en cambio, es más terrenal, más auténtico, bastante más de acá: Juan Martín Maineri es mucho más que un muchacho de barrio.

El lado B como bandera

31 años, piletero, estudiante universitario e hijo mayor que todavía vive en casa con mamá. Así se presenta y, entre risas que lanza a carcajadas, ironiza: “Un partidazo, ¿no?”. Disfruta abrir la mano con el 4 de copas. Elige mostrar el cuero magullado y guardarse las enseñanzas que recogió en el camino. Jamás dirá que una pubalgia lo dejó fuera de carrera cuando, en la concentración de la selección nacional –que dirigía Daniel Hourcade- de Bahía Blanca, en 2011, competía por el puesto de medioscrum con Martín Landajo. Tampoco confesará que, pese a no haber recibido el premio (vaya a saber qué razones lejanas al rugby), fue el mejor jugador (y tryman, con dos conquistas en la final) del recordado Seven de la República de 2010. Difícilmente acepte que, en los 25 años que lleva jugando al rugby, cosechó logros más importantes que los que otorga un prematuro título universitario, ese que tiene a dos finales de distancia. Nadie lo verá inflarse el pecho por ser uno de los jugadores más brillantes en la historia de su club, el siempre pujante Palermo Bajo.

Conmigo vienen los de atrás

Pase lo que pase dentro de una cancha, cualquier rugbier sabe que lo que viene después de un partido es pura felicidad. Desde el tercer tiempo en que –saludablemente- quienes minutos antes batallaron por un triunfo luego comparten una comida, hasta la noche que le sigue. Salvo excepciones con resultados devastadores, el pospartido suele ir acompañado de reuniones con amigos y amigas de un círculo tan cálido como cerrado.
La excepción que confirma la regla. Eso vendría a ser Martín Maineri. Chicos postergados, jubilados olvidados, morochos sin nombre, laburantes desfavorecidos; ese universo lo moviliza, y todos sus integrantes se suman para burlar el manual original de las galas ovaladas que el 9 del Escarabajo celebra en casa. Un plato caliente, café y tragos se unen para darle forma a un abrazo que, con asfixiante generosidad, brinda uno por uno a los invitados.

El que abandona no tiene premio

Alcanzar una meta implica, en todos los casos, trazarse otra nueva. Por eso, cuando levante la cabeza y la ruta le muestre las últimas paradas del deporte de elite, o cuando la Facultad de Derecho  y Ciencias Sociales le advierta que es momento de enfundar un traje y disfrazarse de profesional, podrá dar media vuelta y, mirando hacia atrás, sonreír por lo que pasó. «Lo logré», le dirá, con un orgullo que le excederá el cuerpo, a Angélica, su abuela que, donde quiera que esté, a través una mirada silenciosa y sabia lo piropeará: «Felicitaciones, mi doctor».
En una esquina cualquiera, en un recital en algún rincón perdido del país, o con un alma en pena que clame por un abrazo. Cuando nadie sepa dónde esté, buscarlo será fácil: porque Martín será, siempre, mucho más que un muchacho de barrio.

Por Andrés Mooney

Maineri en  números

2004

– Campeón y tryman del Seven de GER – seleccionado de Córdoba

– Subcampeón en el Seven de la República – seleccionado de Córdoba

– Subcampeón en el Seven del Fin del Mundo, en Ushuaia – Invitación Nacional 7

maineri los dogos

2005

-Debut en el seleccionado mayor de Córdoba

2006

– Subcampeón en el Seven de la República – seleccionado de Córdoba

2008

– Subcampeón del Seven de la República – seleccionado de Córdoba

– Convocatoria al seleccionado argentino de mayores

2009

– Campeón del Campeonato Argentino de Mayores – seleccionado de Córdoba

– Campeón del Torneo Internacional Cross Border 2009 – seleccionado de Córdoba

– Convocatoria al seleccionado nacional de seven UAR

– Integró el Pladar durante la temporada 2009/2010

2010

– Campeón torneo internacional Cross Border 2010 – seleccionado de Córdoba

– Integró el Pladar 2010/2011

– Campeón del Seven de la República – seleccionad de Córdoba

2011:

– Participó del Seven de la República

– Integró el Pladar 2011/2012

– Campeón torneo argentino de mayores – seleccionado de Córdoba

– Campeón sudamericano de selecciones – Los Pumas (dos test match con el seleccionado argentino: vs. Chile y Uruguay).

2012:

– Bicampeón  torneo argentino de mayores – seleccionado de Córdoba

– Participó del Seven de la República – seleccionado de Córdoba

2013:

– Integró el seleccionado de mayores de Córdoba

– Gira por Sudáfrica – Palmero Bajo

2014

– Subcampeón argentino de mayores – seleccionado de Córdoba

2015:

– Subcampeón argentino de mayores – seleccionado de Córdoba

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