Rugby Mental: el entrenador como moderador

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«El entrenador como moderador»

Extracto del capítulo «El poder de la palabra», del libro Rugby Mental
Por Licenciado Fernando F. Saccone (*)

Como dijimos, es fundamental promover la comunicación interactiva; esto significa el predisponer a un necesario “ida y vuelta” en cada charla en la que tengamos oportunidad de intervenir. Recordemos que la elaboración interna es la vía optima del aprendizaje; por lo tanto, es fundamental la capacidad de orientar actuando como moderadores, para predisponer a que sean ellos lo que se acerquen a las soluciones pertinentes (aunque uno crea saberlas a priori).

Definitivamente, debemos intentar favorecer el desarrollo de la capacidad de análisis y autocrítica (plano psicológico) para que aparezca así mágicamente la humildad que acostumbramos solicitarles (plano moral valorativo). Por lo tanto, tenemos que generar el hábito de que analicen los entrenamientos físicos, tácticos y estratégicos, y el juego, tanto individual como grupalmente.

Pasaré a describir algunas consideraciones de fácil aplicación que harán que podamos mejorar notablemente la comunicación y obtener así los resultados que pretendemos.

Aprendamos a dar la palabra. Actuemos como moderadores, dándoles previamente la palabra. Esto los hará partícipes y protagonistas, y ayudará a que eleven la autoestima, ya que, con el correr del tiempo, perderán el temor a exponer en público, con la seguridad personal que ello implica (esto también favorece la comunicación y el intercambio grupal).

Aprendamos a escuchar. Es condición prioritaria que aprendamos a “ejercitar la escucha”, ya que, si escucho a los demás, los demás me escucharán (cuidado: no es lo mismo escuchar que estar esperando para hablar). Escuchar implica la intención de querer comprender lo que me están comunicando, más allá de lo que yo piense y quiera exponer al respecto. Acotemos solo en el caso de ser necesario y/o para cerrar o resumir una idea o un concepto.

Aprendamos a preguntar. Aprendamos a preguntarles para ayudarlos a pensar: ¿creés que hiciste bien el movimiento?, ¿por qué?, ¿cómo estaban parados tus compañeros?, ¿por qué tomaste esa decisión?, ¿había otras opciones?, ¿me podés mostrar?

Asegurémonos de que se entendió. Cuando expongamos, asegurémonos de que se entendió. Acostumbrémonos a preguntarles, dentro de las rondas de grupo, en forma individual, a dos o tres jugadores por entrenamiento, en forma alternada (recordemos que lo importante no es lo que uno dice, sino lo que los otros escuchan).

Rescatemos la persona. No nos acostumbremos a hablar dirigiéndonos siempre “al grupo”; utilicemos con frecuencia los nombres de cada uno, en forma alternada, para preguntarles y captar la atención, mirándolos a los ojos al hablar, con el mismo objetivo. Tengamos en cuenta que, en ocasiones, el grupo equivale a “que nadie se haga cargo”. No es lo mismo expresar “me gustaría que alguien hable” que dirigirse a alguien diciéndole “me gustaría que hoy hablés vos” (con nombre y apellido). Esto es útil para moderar y no dar lugar a que siempre hablen los mismos.

Utilicemos disparadores. Es importante que utilicemos metas y objetivos como disparadores. Recordemos que (tal como vimos en “Subiendo la escalera…¿Y si comenzáramos por el primer escalón?”) la metas orientan el esfuerzo y mantienen la motivación. El establecer metas previas a cada entrenamiento y/o partido los despierta, concentra e integra, y es imprescindible incorporarlo como hábito en toda oportunidad posible. De esta manera, al final el entrenamiento, podremos preguntarles: ¿alcanzamos el objetivo?, ¿por qué si o por qué no?, ¿qué hicimos bien y qué no?

Esto servirá para desarrollar la capacidad de análisis y autocrítica ya mencionada, y para lograr desarrollar jugadores flexibles que puedan integrar las destrezas mentales a las físicas, utilizando sus diferentes recursos ante los diversos desafíos que pudieran presentárseles en los partidos a jugar (situaciones adversas, cambios de estrategia del rival, etc.).

(*) Fernando F. Saccone es Licenciado en Psicología por la Universidad de Belgrano (1991). En 1993 comenzó a trabajar en el Centro de Deportes de Alto Riesgo del Hospital Ramos Mejía, con boxeadores, automovilistas y otros deportistas. Luego trabajó en la Fuerza Aérea con pilotos aviadores.
En 1996 disertó en el Congreso Internacional de Ciencias Aplicadas al Rugby organizado por la UAR y la Fundación Rugby Amistad.
Diseñó el programa de entrenamiento mental para el sistema de Alto Rendimiento de la UAR y desarrolló el área psicológica de todos los Pladares.
Es uno de los fundadores de la Asociación de Psicología Aplicada al Rugby (APAR).
Mail: fersa68@gmail.com
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Twitter: @LicFSaccone

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