¿De qué dependen la motivación y la concentración en el alto rendimiento?

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En su libro Rugby Mental, el Licenciado Fernando Saccone aborda distintos temas, entre ellos, dos muy importantes en el deporte de alto rendimiento: concentración y motivación.

Aquí presentamos parte del capítulo 4, «Los rivales de la concentración», en el que Saccone aborda con claridad

¿De qué depende mi concentración?
Respuestas habituales
– “De la instancia que esté jugando”.
– “De la importancia y la dificultad del partido”.
– “Según el rival”.
– “Si peligra mi titularidad o mi puesto”.
– “De cómo está jugando el equipo”.
– “Si sé que me va a estar viendo mi familia o mi novia”.
– “De si jugamos de local o visitantes”.

En la mente de alto rendimientoo, la única y verdadera competencia es con uno mismo. Esto implica superarse en función del juego anterior, en todos los aspectos. El creer que se compite contra un adversario desvía la energía de la verdadera competencia, que es la de superarse a sí mismo.

Continuando con esta lógica, el hipotético adversario de turno, en este caso, nos hace de “amigo” y no solo de “rival”, ya que me da la posibilidad de autosuperarme. Objetivamente, el denominador común de nuestros contrarios es el de “hacernos de sparring” y de espejo en el que podemos reflejar y saciar (o no) estas ansias de superación.

Por lo tanto, la subjetividad del color de las camisetas o del nombre del contrario, o la condición de localía o de visita, no tienen que ver con el desafío de autosuperación (motivación interna) en sí mismo. Las construcciones mentales que hacemos con frecuencia de estos factores o motivaciones externas (“nunca perdieron de locales”, “a estos nunca pudimos ganarles”, entre muchas otras) solo hacen a la perturbación de nuestra concentración.

En el alto rendimiento, la verdadera presión no surge del adversario de turno, sino del deseo de autosuperación. El jugador de excelencia juega al límite de sus capacidades ante cualquier contrincante, ya que el ritmo lo maneja en función de su presión interna. No valora solo el resultado sino también la conformidad con la performance que brindó en el juego. Por eso, los jugadores y/o los equipos de excelencia se van conformes únicamente cuando sienten que “lo dejaron todo” y, por el contrario, se sienten disconformes y preocupados cuando, a pesar de haber ganado, “no consiguieron superarse”.

El hecho de poder superar los propios límites en entrenamientos y partidos conlleva una vivencia de profunda satisfacción, mayor que cualquier premio externo, copa o reconocimiento. La posibilidad de cruzar los propios límites, de batir récords, y de llegar hasta donde ayer no se llegó, es lo que está en la mente del deportista de alto rendimiento.

Definimos la motivación como “la causa de la acción”. Es un estado interno que activa, dirige y mantiene la conducta. Hace a la concentración, la agresividad y las ansias de protagonismo, entre otros factores para conseguir los objetivos. Podríamos decir que, en el jugador de alto rendimiento, las motivaciones internas (desafío de autosuperación) superan ampliamente a las motivaciones externas (el rival, ser local o visitante, lo que está en juego, la TV, público, etc.).

Por lo tanto, es importante comprender que, sin las motivaciones internas, será difícil alcanzar un rendimiento parejo y sostenido en el tiempo. Definitivamente, nuestro principal reto o desafío individual y/o grupal será buscar la motivación interna, independientemente de contra quién o dónde se juegue, o por lo que se esté jugando o de quien me pueda estar mirando; ya que, si la motivación depende solo de factores externos, de ellos dependerá mi rendimiento, y no estaré manejando este último de acuerdo con mis capacidades y con mi conveniencia

¿De qué depende mi concentración?

Respuestas habituales

– “De si me levanté con el pie izquierdo”.
– “Del día que tenga o de cómo esté ese día”.
– “De mi estado de ánimo”.
– “De hacer un ritual antes del partido”.
– “Si me salió bien la primera jugada o destreza”.

Así como estamos habituados a dar explicaciones a situaciones de nuestra vida cotidiana basándonos en la suerte o en la mala suerte, solemos repetir lo mismo con cuestiones relacionadas a nuestra práctica deportiva. Frases tales como “la suerte no estuvo de nuestro lado”, “estamos en una mala racha” o “el referee nos perjudicó” expresan la presencia de un pensamiento mágico vinculado con situaciones de las que inconscientemente optamos por no hacernos cargo.

Por ello es fundamental aprender a hacernos responsables de todas las situaciones en las que somos, en mayor o menor medida, protagonistas. Esta es la base del crecimiento, el desarrollo y la autosuperación permanente. Para esto, debemos “comenzar a ser responsables de” en lugar de “culpables de”, ya que la culpa nuestra nos angustia y paraliza, por la connotación de la palabra misma (como ya explicamos) en tanto implica “condena o sentencia irreversible”.

Muy por el contrario, “hacernos responsables” implica revisar nuestros actos, haciéndonos cargo de lo que nos corresponde (tanto lo favorable como lo desfavorable) para, a partir de allí, poder mejorar y crecer. Frases tales como “si meto la primera patada, ya después entran todas y, si no, no…”, “esperemos tener un buen partido…”, “esperemos tener una buena tarde…”, “mi concentración dependen de cómo esté yo ese día o lo que ocurra en mi entorno” reflejan que no podríamos hacer nada para poder estar, en el momento del partido, en óptimas condiciones para afrontarlo (como si fuese una cuestión de azar o suerte).

Debemos comprender que esto es falso y que es responsabilidad nuestra trabajar voluntariamente para poder estar en óptimo estado durante el partido. Clave será entonces analizar los “pensamientos mágicos” que nos deslindan de nuestras responsabilidades.

En una de las oportunidades en las que me encontré desarrollando trabajos psicodeportológicos precompetitivos para los Jaguares (en el viaje previo al Americas Rugby Championship), su entrenador Bernardo Urdaneta me facilitó un esclarecedor y sencillo libro (La buena suerte, de Alex Rovira) que, a partir de allí, suelo recomendar a mis pacientes y los grupos con los que trabajo.

En términos generales, el libro se basa en la importancia de aprender a diferenciar “la suerte o el azar” de “la buena suerte”. Tengamos en cuenta que la “suerte o azar” no dura demasiado tiempo, porque no depende de uno (por ejemplo, ganar la lotería o que alguien nos golpee la puerta para ofrecernos un trabajo). Por lo tanto, puede llegar o no. En cambio, la “buena suerte” la genera uno mismo, por eso dura siempre (trabajar, hacer contactos, y que un día alguien te ofrezca un trabajo).

La “buena suerte” implica generar las circunstancias propicias para que lo que deseamos ocurra. Muchos son los que quieren tener buena suerte, pero pocos los que deciden ir a por ella (y así no golpeará tu puerta). Muchos son los que desean la victoria pero pocos son los que están dispuestos a transitar un largo camino para conseguirla. Hay que buscarla.

Preparar circunstancias para que llegue la buena suerte significa buscar el propio beneficio y el del resto a partir de hoy (entrenar bien hoy, trabajar para dejar de ser “calentón” hoy, para desarrollar la concentración hoy, para ser buen compañero hoy). No olvidar que, cuanto más se aplaza una tarea, más posibilidades hay de volver a aplazarla. Practicar “el hábito de no postergar”. La buena suerte es una suma de preparación y oportunidad, e implica responsabilidad, iniciativa y esfuerzo.

Cuando ya se hayan creado todas las circunstancias para que la buena suerte llegue, solo hay que tener paciencia y no abandonar, ya que solamente es cuestión de perseverancia y tiempo… Tomemos en cuenta que realizar falsas simplificaciones para explicar algo, y no profundizar ni analizar lo que verdaderamente pasa, para poder así modificarlo, hará que siga pasando lo mismo.

(*) Fernando F. Saccone es Licenciado en Psicología por la Universidad de Belgrano (1991). En 1993 comenzó a trabajar en el Centro de Deportes de Alto Riesgo del Hospital Ramos Mejía, con boxeadores, automovilistas y otros deportistas. Luego trabajó en la Fuerza Aérea con pilotos aviadores.
En 1996 disertó en el Congreso Internacional de Ciencias Aplicadas al Rugby organizado por la UAR y la Fundación Rugby Amistad.
Diseñó el programa de entrenamiento mental para el sistema de Alto Rendimiento de la UAR y desarrolló el área psicológica de todos los Pladares.
Es uno de los fundadores de la Asociación de Psicología Aplicada al Rugby (APAR).
Mail: fersa68@gmail.com
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Twitter: @LicFSaccone

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