«El señor scrum»: se fue el «Gordo» Conti, pero su enorme legado quedará

Historias

El jueves de la semana Santa de 2018 será recordado como el día que nos dejó Alejandro el «Gordo» Conti, un estudioso del rugby y un apasionado por esa formación tan emblemática del rugby argentino: el scrum.
A los 64 años, Conti murió de un paro cardíaco en Villa La Angostura.
Hombre del SIC, allí se consagró campeón como jugador (pilar) y como entrenador, además de liderar a un plantel que en 2003 estableció un histórico récord de 33 partidos invicto.
En 1986 empezó a dirigir a los juveniles. Sucedió en 2001 a otro especialista del scrum, el ex hooker Miguel Cutler, como entrenador del plantel superior. Bajo su conducción, el club de Boulogne logró el tricampeonato de la URBA entre 2002 y 2004.
También dirigió en 2015 a Belgrano Athletic, al que logró clasificar a las semifinales del Top 14 de la URBA. En esa misma temporada fue el entrenador de las Águilas, el seleccionado mayor de Buenos Aires que se coronó campeón del Argentino de Uniones.
Al año siguiente fue el head coach de San Albano y su último cargo lo desempeñó como colaborador en Old John’s, un club chileno al que llegó por su amistad con otro ex Puma, Andrés Perica Courreges.
Alejandro y su hermano menor Fernando (El Oso, de 55 años, un aguerrido ala) fueron campeones en SIC como jugadores. En una mágica tarde, la del 16 de octubre de 2004, la alegría también los unió con una preciada triple corona: Alejandro se consagró campeón dirigiendo la Primera, Fernando con la intermedia, y Marcelo (El Ciego, de 58 años, otro de los seis hermanos -tres son mujeres-) festejó el título de la Menores de 15 años.

Su legado
Meses atrás, cuando el scrum argentino estaba en plena crisis, el «Gordo» brindó una extensísima entrevista al sitio Periodismorugby.com en la que dejó conceptos tan valiosos como su legado.

Definime qué es un scrum
El scrum en general como forma de juego es el inicio, como es el line o la salidas, en donde vos teniendo la pelota la pones en disputa. Por otro lado, también es una forma de entrenar. Especialmente en el SIC se lo tomó como una forma filosófica de entrenar, en la cual entrenas disciplina, entrenas carácter, entrenas superar la adversidad y entrenas metódicamente para ir preparándote como jugador. Es una de las opciones del rugby que es compañerismo puro, los ocho con el mismo objetivo, especialmente los que tienen la cultura del empuje coordinado, que es como una máquina aceitada en la que todos a la vez tienen que flexionar las rodillas, tienen que estar firmemente, y eso se transforma en una máquina aceitada de entrenamiento, en la cual la cultura de equipo está a pleno con el tema del scrum.

¿Qué influencia tiene un scrum en un partido de rugby?
En mi época había hasta 40 scrums, ahora pueden ser 20. Como los jugadores juegan mejor, la capacidad de hacer infracciones es menor. Pero si hay 8 o 10 scrums, está a la vista que de esos, 7 son determinantes e influyen en el juego. Es una parte del juego que no hay que descuidarla. Por más que cada vez haya menos sigue siendo una formación determinante, cosa que no así el line out.

¿Porqué el SIC hizo un culto de esta formación?
Yo era joven, pero en el SIC hace años cayó un gran cultor del scrum que era Catamarca Ocampo. Yo no lo llegué a vivir porque era chico, pero tuve la suerte de que me entrenara el Veco Villegas, el cual la parte de scrum era la clase maestra que nos inculcaba lo que era el juego: Vos no podes jugar sin el rival. Sin el rival no hay rugby, porque no lo podes practicar. El respeto, el ir para adelante, el vencer, el estar convencido de una idea. En ese momento sin tener la práctica necesaria, queríamos practicar un sistema en el cual el rival nos robaba todas las pelotas. Yo perdí una final con el CASI en 1971, que tiramos 30 scrums y nos robaron 30 pelotas. Y estábamos tentados de sacar la pierna pero dijimos que no, y eso nos fue formando y nos fue cultivando en la disciplina de la formación, del respeto y del compañerismo. nos fue forjando a todos como jugadores del SIC.

¿Cuánto te costó afianzar esta idea en un club con una idiosincrasia distinta como Belgrano?
Fue uno de los desafíos interesantes, porque Belgrano no tiene el ADN que tiene el SIC. Pero a la vez me encontré con un grupo que creyó en algo, y los principios del scrum se fueron trasladando al maul, a la cultura del juego, a la cultura del tackle, al sacrificio, a la disciplina, a que nada llega sin trabajo y sin entrenamiento. En Belgrano se hicieron prácticas muy duras en las cuales los jugadores estaban ampliamente convencidos de cual era el camino. Creyeron en algo, y las metas que planteamos con los jugadores especialmente eran: Primero, tener el mejor scrum de la URBA, cosa que logró. Y cuando empezamos a jugar el Nacional de Clubes era tener el mejor scrum de la Argentina, y creo que los jugadores en 2016 demostraron tener el mejor scrum de Argentina. No era la misma técnica, eran los principios filosóficos. El Veco siempre decía: Para tener un buen scrum, tenes que tener la espalda derecha, las piernas flexionadas, tener preparación física y estar convencidos de tener un buena scrum. ¿Qué significa eso? Que siempre el scrum ataca a la formación rival, es decir, siempre hay que desplazarlo. Entonces eso genera una actividad fuera de lo común.

El Veco decía no jugar al scrum, sino que sea una plataforma en la cual un equipo se pueda sostener…
Por suerte muchos siguen pensando que los que tratan de entrenar la excelencia del scrum, significa que esos entrenadores quieren “jugar al scrum”. Mentira. La verdad me salva, porque si siguen pensando así me están dando la ventaja de la iniciativa. ¿Qué significa eso? Yo sabiendo que si tengo 10 scrums por partido, yo los 10 scrums que tengo genero algo. Es decir, yo no creo que vos teniendo 10 lines, de esos 10 puedas generar tanto como lo que podes generar de un scrum. Ojo, podes generar y después tenes que aprovechar esa ventaja que tenes.
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